Política Interna expuesta

Domaron a un radikuka en Mar del Plata por la disputa del complejo Chapadmalal

Un proyecto impulsado por la UCR chocó con La Libertad Avanza y dejó al descubierto una vieja receta: discurso académico, cálculo político y poca claridad sobre quién paga la cuenta.

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Domaron a un radikuka en Mar del Plata por la disputa del complejo Chapadmalal
Chapadmalal quedó otra vez en el centro de una disputa entre Rolando Demaio y Ariel Bordaisco donde sobran discursos y faltan definiciones concretas.
14 de abril de 2026, 18:27 hs14/4/2026 18:27 hs · 3 min de lectura

El Concejo Deliberante de Mar del Plata volvió a convertirse en una especie de aula abierta, pero no precisamente de excelencia académica. Esta vez, el radicalismo sacó del cajón una propuesta con perfume a buena causa, llevar un campus universitario a Chapadmalal, que, al rascar un poco, deja ver una lógica bastante conocida: iniciativa vistosa, financiamiento difuso y timing político quirúrgico.

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El proyecto, empujado por Ariel Bordaisco y respaldado en gestiones del senador Maximiliano Abad, plantea que el Estado nacional evalúe ceder tierras de la Unidad Turística Chapadmalal para la Universidad Nacional de Mar del Plata. Campus, residencias, infraestructura. Todo suena prolijo en el papel.

Lo que no aparece con la misma claridad es el detalle menos simpático: cómo se sostiene ese esquema en un contexto donde el propio Estado viene recortando gastos y donde cualquier expansión implica recursos que alguien, en algún momento, tiene que poner.

La reacción de La Libertad Avanza no fue precisamente diplomática. El concejal Rolando Demaio no se anduvo con rodeos y calificó la iniciativa como “vieja demagogia política” y “corporativismo”, una combinación que equivale a decir “esto ya lo vimos y sabemos cómo termina”. Además, dejó flotando la sospecha de que el proyecto funciona más como herramienta de posicionamiento político que como una política pública viable.

Del otro lado, Bordaisco respondió con la épica clásica del radicalismo, reivindicando su historia y negando cualquier “conspiración”. Un reflejo automático que suena más a manual partidario que a explicación concreta. Porque mientras se habla de orgullo histórico, la discusión de fondo queda medio en offside: si el proyecto es tan sólido, por qué no logró siquiera superar la primera barrera política dentro de un mismo esquema de gobierno.

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El dato incómodo es ese. No se trata de una grieta entre oficialismo y oposición, sino de un cortocircuito dentro del propio armado local. Radicales y libertarios, que comparten espacio en la gestión, se tiraron con todo en plena comisión de Educación, dejando al descubierto que la convivencia política es más frágil de lo que se muestra en las fotos.

En el fondo, lo que quedó flotando es una postal repetida: el radicalismo proponiendo expansión estatal con tono académico y la otra parte marcando el límite fiscal. Mientras tanto, Chapadmalal sigue siendo más un tablero de disputa que un proyecto concreto. Y la iniciativa terminó como muchas otras en la política local: archivada en comisión, con pedidos de informes y sin una respuesta real para quienes supuestamente iban a beneficiarse.

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