Economía y Empresas | 09:54

Cuestionamientos al rumbo económico

El espejismo del riesgo país: señales financieras que no llegan a la gente

La caída del riesgo país argentino en los últimos meses se convirtió en uno de los principales argumentos del gobierno de Javier Milei para mostrar una supuesta recuperación de la confianza internacional. Sin embargo, cada vez más voces advierten que este indicador, por sí solo, no refleja una mejora estructural de la economía y podría esconder tensiones profundas.

El índice, elaborado por J.P. Morgan, mide la diferencia entre la tasa que paga la deuda argentina y la de Estados Unidos. Su descenso implica menores costos de financiamiento, pero no necesariamente una mejora en la calidad de vida de la población ni en el entramado productivo.

Economistas críticos sostienen que la reducción del riesgo país responde, en gran medida, a un ajuste fiscal extremo basado en la caída del gasto público, la licuación de ingresos y la paralización de áreas clave del Estado. Este esquema, si bien ordena algunas variables macroeconómicas, también genera una fuerte contracción del consumo y un deterioro del tejido social.

“El mercado puede celebrar el equilibrio fiscal, pero eso no significa que la economía esté sana”, señalan analistas que cuestionan la falta de políticas activas para impulsar el crecimiento y proteger a los sectores más vulnerables.

A esto se suma la histórica volatilidad del indicador en Argentina. Lejos de ser una señal definitiva, el riesgo país ha demostrado en múltiples ocasiones que puede subir abruptamente ante cambios en el contexto internacional o ante la pérdida de confianza en el rumbo económico. En ese sentido, algunos especialistas advierten que la mejora actual podría ser transitoria.

Otro eje de crítica apunta a la desconexión entre las variables financieras y la economía real. Mientras el riesgo país baja, persisten problemas como la caída del poder adquisitivo, la retracción de la actividad y la incertidumbre en sectores productivos. Para muchos, esto evidencia un modelo que prioriza la mirada de los mercados por sobre las necesidades internas.

 

Además, se cuestiona que la estrategia oficial dependa en gran medida de sostener expectativas positivas en los inversores, sin consolidar aún un proceso de crecimiento genuino. “Sin inversión productiva ni mejora del ingreso, la estabilidad es frágil”, advierten.

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