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Nueva tendencia

Pagar para romper televisores y botellas gana terreno en Argentina, pero especialistas cuestionan sus beneficios

Las llamadas "salas de ira" crecen en distintas ciudades del país y se promocionan como espacios de descarga emocional. Sin embargo, investigaciones científicas ponen en duda su eficacia para manejar el enojo.

Las denominadas "salas de ira" comenzaron a multiplicarse en distintos puntos de Argentina con una propuesta tan simple como llamativa. Los participantes pagan una entrada, reciben elementos de protección y disponen de varios minutos para destruir televisores, botellas, electrodomésticos y otros objetos destinados al descarte.

La modalidad ya tiene presencia en distintos lugares del país. En la Ciudad de Buenos Aires funciona The Break Club, mientras que en Córdoba abrió Club Off Limits. También existen propuestas similares en otras localidades y emprendimientos que promocionan la experiencia a través de redes sociales bajo diferentes nombres.

Quienes impulsan este tipo de actividades suelen presentarlas como una forma de catarsis o liberación emocional. Sin embargo, distintos especialistas advierten que la evidencia científica disponible no respalda la idea de que romper objetos reduzca efectivamente la ira o mejore la salud mental.

Una meta-revisión realizada por investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, que analizó 154 estudios con más de 10 mil participantes, concluyó que la teoría de la catarsis carece de sustento. Según los resultados, exteriorizar el enojo mediante acciones agresivas no disminuye la ira y, en algunos casos, puede incluso intensificarla.

Los mismos estudios señalan que otras herramientas muestran mejores resultados para reducir la activación emocional. Entre ellas aparecen la respiración diafragmática, las técnicas de relajación muscular, el mindfulness y distintas prácticas vinculadas al control del estrés.

Más allá del aspecto recreativo, algunos profesionales plantean interrogantes sobre la forma en que se promocionan estas experiencias. También surgen debates vinculados a la seguridad durante la actividad y al destino final de los residuos electrónicos y materiales destruidos durante cada sesión.

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