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Un niño no es un puntaje: repensar cómo diagnosticamos el autismo

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Un niño no es un puntaje: repensar cómo diagnosticamos el autismo
Florencia Sanabria, médica especialista en neuro desarrollo para niños y adolescentes.
31 de marzo de 2026, 14:09 hs31/3/2026 14:09 hs · 3 min de lectura

Por Florencia Sanabria, médica especialista en neuro desarrollo para niños y adolescentes

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La necesidad de un cambio de paradigma en la evaluación del neurodesarrollo infantile. En los últimos años, el campo del neurodesarrollo infantil ha experimentado un crecimiento notable en herramientas de evaluación.

Protocolos, escalas diagnósticas y baterías neuropsicológicas se han convertido en instrumentos habituales para intentar comprender las dificultades de un niño. Sin embargo, también se ha instalado una idea peligrosa: que un conjunto de tests y observaciones realizadas en pocas sesiones puede definir con precisión el destino diagnóstico de un niño pequeño.

ADI-R, ADOS-2, escalas cognitivas, baterías atencionales o evaluaciones neuropsicológicas son herramientas valiosas. Bien utilizadas, aportan información importante sobre cómo se desempeña un niño en un contexto estructurado. Pero existe un riesgo creciente cuando estos instrumentos dejan de ser herramientas y pasan a convertirse en el eje central del diagnóstico.

 

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Un niño pequeño no es un protocolo

En la práctica clínica cotidiana, muchos factores pueden afectar el rendimiento de un niño durante una evaluación: ansiedad, hiperactividad, dificultades del lenguaje, falta de sueño, sobrecarga sensorial, retrasos madurativos o incluso condiciones médicas que aún no han sido detectadas. Cuando estas variables están presentes, los puntajes obtenidos pueden reflejar el contexto del momento más que el verdadero potencial del niño.

 

Los tests observan conductas. Pero las conductas no siempre explican la causa

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Cuando se confunde la observación de un comportamiento con la explicación de su origen, el riesgo es evidente: se nombra el fenómeno, pero no necesariamente se comprende el problema. Esto resulta especialmente delicado cuando hablamos de diagnósticos complejos

También requiere tiempo

El desarrollo infantil no es una fotografía tomada en una tarde de consultorio. Es un proceso dinámico que necesita ser observado longitudinalmente, comprendiendo cómo el niño evoluciona, aprende, se adapta y responde a las intervenciones. Esto no significa negar la utilidad de los instrumentos diagnósticos. Significa devolverlos a su lugar correcto: el de herramientas que orientan la comprensión clínica, pero que nunca deberían reemplazarla.

Hoy más que nunca necesitamos abrir una conversación honesta en el campo del neurodesarrollo. Familias, profesionales, instituciones educativas y sistemas de salud comparten una responsabilidad común: garantizar que los diagnósticos infantiles se realicen con el mayor rigor posible.

Los niños merecen evaluaciones profundas, cuidadosas y respetuosas de la complejidad de su desarrollo. Y quizás ha llegado el momento de impulsar un cambio de paradigma: pasar de diagnósticos construidos a partir de protocolos a diagnósticos construidos a partir de una verdadera comprensión del niño.

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