Política | Ayer

Señales cruzadas

Entre ambigüedades públicas, Dante Gebel intenta despegarse del PJ mientras su pasado lo vuelve a conectar con ese espacio

Las respuestas elusivas contrastan con fotos, actos y gestos que lo ubican nuevamente cerca del peronismo.

Por Pablo Lenz

Sin lugar a dudas, Dante Gebel ha logrado en los últimos días una centralidad mediática inusual. Portales de noticias y redes sociales lo mencionan con insistencia, en lo que parece ser una estrategia de instalación que, al menos en esta primera etapa, muestra cierta efectividad. Su verdadero alcance, sin embargo, solo podrá evaluarse con el paso del tiempo.

Hay dos aspectos que resultan insoslayables para analizar el fenómeno. El primero es su esfuerzo por despegarse del peronismo. En su entrevista con Luis Novaresio evitó definirse políticamente con claridad. La consigna era simple, pero la respuesta fue elusiva, lo que dejó más interrogantes que certezas.

Ese intento de neutralidad contrasta con antecedentes públicos. Desde su aparición junto a Ramón “Palito” Ortega a fines de los años 90 hasta su participación en 2015 con Daniel Scioli, cuando deslizó que sería el próximo presidente, su vínculo con figuras del peronismo ha sido visible. Más recientemente, el acto en Lanús volvió a encender señales en la misma dirección.

El evento, realizado en un microestadio bajo la órbita del Club Lanús, vinculado a la conducción de Nicolás Russo, dirigente cercano a Sergio Massa, contó con la presencia de funcionarios y referentes de distintas provincias. Si bien no constituye una prueba concluyente, sí configura un contexto político que difícilmente pueda considerarse casual.

El segundo aspecto excede lo local y apunta al crecimiento del voto evangélico en América Latina. Experiencias como las de Jair Bolsonaro en Brasil o Nayib Bukele muestran que este segmento se ha convertido en un actor electoral de peso. En ese marco, Gebel aparece menos como un outsider y más como un posible canal de representación de ese electorado.

En Argentina, ese espacio ha sido capitalizado en buena medida por Javier Milei. Por eso, la irrupción de una figura con fuerte llegada al mundo evangélico podría interpretarse como un intento de disputar ese caudal de votos.

Sin embargo, el desarrollo reciente introduce matices. Las respuestas ambiguas de Gebel frente a temas sensibles, como el aborto o el matrimonio igualitario, sumadas a su distanciamiento de su rol pastoral, generaron resistencias dentro de sectores evangélicos. La entrevista con Novaresio operó, en ese sentido, como un punto de inflexión.

Así, el escenario comienza a reconfigurarse. Más que erosionar el voto de Milei, la figura de Gebel podría terminar impactando hacia adentro del propio peronismo, en un contexto de escasez de liderazgos competitivos. Lo que inicialmente podía leerse como una maniobra para dividir a un electorado específico empieza a perfilarse como una alternativa de reposicionamiento para un espacio en busca de renovación.

Las imágenes junto a dirigentes como Martín Llaryora o Leonardo Nardini refuerzan esa hipótesis.

En definitiva, más allá de su proyección electoral, la irrupción de Dante Gebel ya produjo un efecto concreto: revalorizar el peso del liderazgo evangélico en la política argentina, al menos de cara al próximo turno electoral.

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