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Devoción selectiva

Entre pobreza y tarifazos, CABA explota de fieles para recibir enviados israelíes protegidos por Milei

La llegada de líderes religiosos coincidió con nuevas críticas por las prioridades políticas del Gobierno libertario.

Llegaron de Israel vía Brasil con séquito, bendiciones y miles de fieles agolpados en Once. El presidente Javier Milei que se declara fanático del judaísmo les abre las puertas mientras el resto del país sigue esperando que le resuelvan el boleto de la luz.

Un grupo de rabinos muy destacados de Israel aterrizó este martes en Buenos Aires después de pasar por Brasil. Vinieron a acompañar y fortalecer a las comunidades observantes, sobre todo en el barrio de Once. Anoche en “Shuba Israel” se juntaron miles, algunos tuvieron que escuchar desde la calle como si fuera recital de cuarteto en Córdoba.

El Gran Rabino de AMIA les dio la bienvenida con discurso emotivo y agradecimiento público. Todo muy espiritual, muy fraternal, muy cerrado. El show religioso llega en el momento justo para Milei. El mismo que no para de viajar, de visitar tumbas de rabinos jasídicos en Nueva York y de recibir en Casa Rosada a los principales referentes ortodoxos.

Mientras ajusta jubilaciones y sueldos estatales, el libertario encuentra tiempo y recursos para posar de aliado incondicional de Israel y sus enviados. La motosierra parece tener un modo “off” cuando se trata de ciertos barrios y ciertas influencias. La gente de a pie, la que banca el tarifazo y el ajuste sin piedad, mira de reojo cómo se aglutinan centenares para recibir bendiciones importadas.

No es que esté mal que una comunidad se organice, el problema es el contraste obsceno con un país donde la mayoría come fideos con manteca y ve cómo sus impuestos financian un circo de poder paralelo que Milei alimenta con gusto. Porque este Presidente no solo va a Israel cada dos por tres, sino que convirtió la relación con ciertos sectores en uno de sus pocos pilares firmes mientras el resto de la sociedad se licúa.

El Gran Rabino local celebra la visita como un impulso para el crecimiento de las comunidades. Milei, en silencio o en privado, debe estar aplaudiendo. Total, para él son los únicos que no le piden aumento de salario ni le reprochan el aumento de la pobreza.

 

Son aliados seguros, con agenda propia y redes internacionales que le dan status de estadista en el extranjero mientras adentro le bajan las encuestas como piedra por barranca.

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